4.07.2009

Espejo

Estar frente al reflejo del ser y tratar de reconocerse.
Obervar un ojo, el otro, cada ceja, las pestañas, los cabellos
los labios, secos; el olfato, percibiendo al aire sin olor
sin enlace a ningún recuerdo; el rostro entero.

Escuchar, a través de ese reflejo, el silencio del alma
o tal vez el ruido completo de los pensamientos que se enlazan;
ganas de dormir a causa de sueño; cansancio anterior.

Cada dedo que termina en las uñas; los brazos que como huma se enlazaron
ligeros alrededor; con olor a espuma de mar, de estrellas, de sueños, de horquídeas,
de blanca arena que cristalina frente al sol era nuestra perfecta acera.

Ahora los que están por darse, el vacío en paralelo cuando se extienden uno frente al otro.
Vuelve el dedo a los labios como perfume que aun no se difumina completo sobre la piel, como permanencia de esa esencia hasta la noche donde finalmente todo se pierde.

La piel, la saliva, las palabras, el lenguaje, la sociedad en una, una para sí,
determinada. Rodeada. Inmersa.

Un dedo sobre el reflejo, eres tú, es la materia del ser, es la existencia
completa: aquí, ahora.

Reflejo. Sombra. Lo que yace afuera, lo que pervive dentro. La belleza deseada.
Las ganas de ser y seguir siendo. Después desaparecer entre el sueño, la pintura
que del alma se ha hecho con los ojos en el cielo. El torso firme. ¿En dónde están las aves?

Las mariposas en primavera y después el sol en verano. La quietud del invierno, el despojo ligero que trae el otoño. El baile. La espera . . . .