7.29.2007

Silenciosa poesía en donde todo
comienza y termina.
Silenciosos labios que no cesan de nombrar.
Una noche que apagada,
se ilumina con una rueda blanca,
incrustada en el cielo pareciendo un hueco,
contrario a la nada,
atrayendo diamantes color ámbar
que incrustados al azar
parecen lluvia que nunca cae.

Entonces, todos mis versos terminan en tí.
En una idea descentralizada, incapaz de hablar de sí.
Comienza así, la búsqueda con pistas nuevas y verdaderas.
Sin rodeos ni atajos, ni vueltas al cielo encubierta en mi.
Fuiste poema que en el tiempo declamé.
Eres ahora lo que tienes que ser.

Un lugar que dificilmente se borrara,
un complice que de tanto caminar llega a la orilla del mar.
Al muelle en donde sentada veo al sol caer.
Mis pies juegan con las olas que se estrellan cristalinas,
son escenarios en donde no sólo mi reflejo habita;
pantallas por donde mis ideas se animan, vienen y van.
Vaivén que promete como el día a día.

Y cuando al fin todo termina,
me encuentro soñando de nuevo con su promesa,
moviendo mis manos en el aire,
como queriendo tocar
el ramo de estrellas que quiero olvidar.







*Helena Murez