12.10.2008

Detrás de este escritorio donde los días pasan
sin pena, sin gloria;
de entre sospechas de recuerdos te llamo,
saliendo a la calle como buscando tu sombra
para encontrar tan solo que la vida sigue
y la ciudad, tan fría, no para su jornada.

Frente a los pasillos de antaño,
con tacones y sin tregua,
resulta que la de antes ha trasmutado sus pasos.
De entre los campos a la ciudad y visceversa,
de entre el camino vasilante al de seguro
sin vista de pasado.

Esperarte sin tu cara pero con tu tacto.
Entre los poemas como las rosas llenas de melancolía los leo.
Resuelta a llegar por cosa de la mente hasta la tuya
grito desde dentro sin que mi voz se oiga.

Me escucharas desde el deseo por que es mi deseo quien te llama y suspira.
Vuelvo a la pregunta si aún me extrañas, necia de anhelo
de magia aún acitiva entre los corredores que son tus venas y que,
en armonía presurosa llegan a la torre que es tu corazón.

Te llamo por que en días como éste me da la melancolía de golpe
y tenerte cerca quisiera.

De entre esta súbita emoción prefiero las fotografías
que de los días comienzan a hacerse viejas.

Como aquella joven con conquista entre manos,
envidio semejante suerte que a mi puerta no llega.