Después de mil palabras encuentro que ninguna es suficiente
para hablar de lo que sea, tal vez de mí, o tal vez de tí, de quien sea.
En los lugares menos adecuados o, a lo mejor en los más ad oc.
De la imaginación que estas palabras encierran no me toca ni siquiera la pizca de una de ellas,
me encuentro entre mis sabanas de otoño con luces de navidad,
entreabriendo mis ojos me he encontrado con una estrella, de repente,
volando recostada sobre una nube, me doy cuenta que de noche su ventana permanece siempre iluminada,
será que como antes le escribe ahora sus cartas,
fascinado bajo la luz de la luna llena.
Incansable tejedor de sentido sobre una libreta ya maltrecha,
con miles de palabras que de sentido ahora carecen.
Salir por un momento al bosque,
con luciernagas en quinques que tiritan de sueños al verte.
De frente uno al otro, sin afan de provocar ninguna disputa,
no obstante, con la luz que cada uno proyecta; ambos con susurros en la boca.
Uno con las ideas en la mano, el otro con el corazon. Mi triste desolado,
esperanzado por la luna, el mar y las tremendas ganas de encontrar algun día a ese ser de sus sueños tomado. Con los mismos sueños pero sin tanta penumbra sus manos maquinan dibujos
que con una barita ambos les damos vida.
Chiquita; él solía decir; tenía mis ojos y yo sonreía.
Muchachita; juego de palabras entre los dos; el otro mi amistad entera.
Si pudiera hacer renacer la muerte de colores antes nítidos,
libres y sencillos me encantaría que fueran sus rizos color miel.
Bajo aquellas noches serenas de luceros todos tiritando ante nosotros,
borrando sospechas de desencuentros, olvido o miseria tan solo con vernos.
Mil sueños incumplidos; inconclusos.
Algunas veces muero por que estés aquí, conmigo y otras me da igual que tu presencia me falte.