De personalidades dispares.
Primero es la ligereza que va por la vida sin ningún pesar, repartiéndo besos que tranquila olvidará. Después, la mujer que todo hombre quisiera alcanzar, como una estrella que brilla sólo para su amigo el mar. Que sonríe y confieza a la luna cuantos anhelos y metas ha elaborado en su mente. Aquellos lugares soñados, escenarios que adornan su libertad. Común como cualquiera, entre pasillos y escaleras, entre risas y de más. Otra. Es energía que altera, que mueve sin ceder espacio a la paz. Es la risa espontánea. La tristeza sin lugar. Un contratiempo, tal vés contradicción. La última, se rehusa a seguir sus pensamientos, a escuchar su voz. Bastaría con cocinar a la locura con la energía, la razón, la tranquilidad, los sueños y la alegría. Voilá, cine en acción.